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Fascismo

En los últimos años, está pasando mucho dinero por las manos del ministerio de Orden Público para la construcción y el funcionamiento de los nuevos campos de concentración de trabajadores inmigrantes. El destino final de este dinero es una serie de empresas privadas y de ONG que se ocupan de la edificación, el mantenimiento y el suministro alimentario de estos centros. En los tiempos de crisis que corren, este dinero constituye un insólito caudal de fondos estatales que fluye en dirección a la economía privada y del que, como es natural, se benefician los distintos amigos de la policía, que descubren con alegría el lado lucrativo de su amistad. Así es cómo, poco a poco, van apareciendo en nuestras ciudades y barrios esta clase de patrones, que con la ética y la estética correspondientes están impulsando una transformación de las relaciones de clase. Al final, los campos de concentración no están «por ahí lejos», sino repartidos por el entramado urbano de nuestras ciudades.

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c) La organización política del fascismo fue posible gracias a la iniciativa y el sostén de las distintas burguesías nacionales. Por lo tanto, los regímenes que precedieron al fascismo y los llamados «regímenes fascistas» están unidos por una continuidad histórica ininterrumpida. Esta continuidad es comprobable incluso a nivel de nombres propios.

Por lo que respecta al bando aliado, la cuestión es simple: la continuidad de los regímenes se da por sentada. No hay razón para ocultarla porque nadie reconoce que estos regímenes fueran también fascistas. En cuanto a los estados que el discurso dominante reconoce como fascistas, la cuestión es compleja y políticamente peligrosa. En la Alemania de mediados de los setenta por ejemplo, el que para algunos es el «historiador alemán más importante del siglo XX», Fritz Fischer, puso sobre la mesa la cuestión de la existencia de un «continuo de las élites» que recorre la historia alemana. Fischer afirmó que estas élites, y no Hitler ni los nazis, fueron el verdadero vehículo de las ideas de «espacio vital» y «Europa Central», que eran estas élites quienes poseían los correspondientes intereses materiales y que su acción conjunta fue la que condujo a Alemania a la posición de «agresor» en las dos guerras mundiales. No es casual que la obra de Fischer fuera calificada de altamente antialemana (como ciertamente lo era), que le retiraran todas las becas de investigación y que las oficinas de su editor sufrieran el atentado con bomba de unos «patriotas alemanes».

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3. Proyecto de historia antifascista del fascismo

El [materialista histórico] deja de desgranar la sucesión de acontecimientos
como si fuera un rosario para captar la constelación en la que
su propia época ha entrado con otra anterior.

Walter Benjamin, Tesis de filosofía de la historia

 

Nuestra intención es proponer una definición de fascismo que pueda ser útil en la actualidad desde una perspectiva clasista, que sea capaz de explicar nuestra época revelando las relaciones que guarda con otras anteriores. Sostenemos, por tanto, que el fascismo no fue un cuerpo ideológico, sino un proceso histórico. El fascismo, su aparición y auge fueron un proceso de desvalorización de la clase trabajadora hasta el exterminio masivo producido a mediados del siglo pasado.

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2. Definiciones nada inocentes

Ni siquiera los muertos estarán a salvo del enemigo cuando venza.
Y este enemigo nunca ha dejado de vencer.

Walter Benjamin, Tesis de filosofía de la historia

 

La función primordial de la idea hegemónica de fascismo es intentar ocultar un suceso al que, si lo calificáramos simplemente de monstruoso, lo estaríamos minimizando. Nos referimos al hecho de que, desde el comienzo de la primera guerra mundial hasta el final de la segunda y de manera gradual, los estados occidentales y en general los estados capitalistas avanzados trataran a sus ciudadanos —en especial a la clase trabajadora— exactamente del mismo modo en que años antes habían tratado a las poblaciones de África y Asia. A lo largo de décadas en las que los «países civilizados» se encontraban en guerra, las sociedades occidentales aplicaron diversas formas de estado de excepción y exterminaron por decenas de millones a sus habitantes. Más aún, este proceso de exterminio no afectó solo a quienes integraban los ejércitos en guerra. Por el contrario, la mayor parte de los muertos de la contienda fue población no combatiente; en una mayoría aún más aplastante, se trataba de clase trabajadora.

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Estos cuatro fragmentos constituyen el primer capítulo de El fascismo sin esvástica, folleto publicado en 2010 por la asamblea Autonome Antifa (Atenas)

*   *   *

El asombro ante el hecho de que las cosas que estamos viviendo «todavía» sean posibles
en el siglo XX no tiene nada de filosófico. No es el comienzo de ningún conocimiento,
a no ser de este: la idea de historia de la que nace este asombro no se sostiene.

Walter Benjamin, Tesis de filosofía de la historia

 

Tenemos que aclarar desde ya que, cuando decimos que vemos el fascismo campando a sus anchas a nuestro alrededor, lo decimos en el sentido más estricto. Nos proponemos, por tanto, denunciar tanto a nivel ideológico como práctico el mismo fascismo que floreció en el periodo de entreguerras y alcanzó su auge durante la segunda guerra mundial. No utilizamos el término a la ligera. Tenemos en cuenta, sin embargo, las trampas que esperan a quienes buscan repeticiones en la historia. Pues, en efecto, quienes son capaces de defender que la historia se repite «tal cual» se ven normalmente condenados a dos opciones. La primera es la inmovilidad: ver el pasado sucediendo una y otra vez ante sus ojos, incapaces de comprender que la realidad, tan llena de innovaciones como está, no tiene tiempo para repeticiones. La segunda es el asombro continuo: negarse con obstinación a comprender las evidentes relaciones que guarda el presente con los hechos del pasado, obcecados en que «no es exactamente lo mismo». Obcecados en que «lo nuevo es tan nuevo que no se puede comparar con nada anterior», renuncian por completo a las enormes posibilidades de comprensión que ofrece el conocimiento histórico.

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