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Inmigrantes – Centros de internamiento

En los últimos años, está pasando mucho dinero por las manos del ministerio de Orden Público para la construcción y el funcionamiento de los nuevos campos de concentración de trabajadores inmigrantes. El destino final de este dinero es una serie de empresas privadas y de ONG que se ocupan de la edificación, el mantenimiento y el suministro alimentario de estos centros. En los tiempos de crisis que corren, este dinero constituye un insólito caudal de fondos estatales que fluye en dirección a la economía privada y del que, como es natural, se benefician los distintos amigos de la policía, que descubren con alegría el lado lucrativo de su amistad. Así es cómo, poco a poco, van apareciendo en nuestras ciudades y barrios esta clase de patrones, que con la ética y la estética correspondientes están impulsando una transformación de las relaciones de clase. Al final, los campos de concentración no están «por ahí lejos», sino repartidos por el entramado urbano de nuestras ciudades.

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